De nuevo suena el despertador. Ayer nos dio tiempo a hacer la mochila y dejarla a punto para, solo esta mañana equiparnos con aquello que no debemos ponernos encima en el refugio: crampones, arnés y lo que cuelga del arnés… de nuevo somos los primeros en despertarnos y en levantarnos para desayunar en todo el refugio; con lo que antes de las 3:30 ya estamos arriba en el gigantesco comedor/restaurante esperando el desayuno.
Francesc no vendrá a hacer el pico pero se levanta a desayunar con nosotros. Antes de sentarnos me dice “¿has salido fuera?” Se abre las puertas de cristal con la cercanía de mi presencia, y compruebo que llueve y hace viento. Mal tiempo. Pero no me preocupo, se supone que irá mejorando poco a poco el día, igual nos hemos levantado demasiado pronto. También es verdad que Javi nos decía que subiéramos muy temprano, y eso, junto las otras causas ya descritas, hacia que me “obsesionara” con salir a desayunar con el primer turno.

Amanece desde el Refugio Hohsaas, 3.101 mts., las únicas cimas destapadas en el centro izquierda, el Allalinhorn, y el rocoso Rimpfischhorn. Más a la izquierda se descubre el Strahlhorn.

Delante Jordi y más lejos los murcianos atravesando la parte baja del Glaciar Trift. Enfrente los perfiles del glaciar por donde debemos ascender
Pero hace mal tiempo, con lo que después del suculento desayuno hacemos “sobremesa”. Los murcianos también se han levantado y entablamos conversación con ellos, amena y estimulante, ellos también intentarán hoy el Weissmies. Hay más gente, montañeros que entre las 3:30 y las 4 de la mañana, van apareciendo para desayunar, pero no tantos como en el pasado Refugio Britannia. Pasan de las 4 de la mañana y seguimos esperando a que el tiempo mejore en la oscuridad de la madrugada, al menos que no llueva. No perdemos la esperanza, hay que tener paciencia, irá mejorando el tiempo…
Y por fin el tiempo nos abre una ventana que no desaprovecharemos. Deja de llover, y Jordi y yo, después ponernos las chaquetas y mochila encima, salimos a eso de las 5:20 de la mañana en busca de la cima del Weissmies. Otros 2 o 3 grupitos de pocas personas, como los Murcianos, salen con nosotros. No somos muchos. El mal tiempo tira para atrás a los menos intrépidos. Dejamos en Hohsaas a Francesc con Carmen (del grupo de los murcianos) que parece se ha lesionado en las últimas actividades y ha preferido quedarse al refugio. Con lo que de los murcianos subirán Javi, Rosa y Amadeo.

El macizo del Mischabel con el Dom el mas alto en el centro, se van despejando e iluminando por el amanecer. El Täschhorn queda a su izquierda, y mas a la izquierda el Alphubel
Antes de atacar el Weissmies las características que debíamos conocer o tener en cuenta de esta montaña eran sobre todo dos, después de las conversaciones con Javier Berenguer: una que es una subida por el glaciar, con grietas y seracs que habrá que rodear y acercarnos a sus abismos, pendientes y peligros. La parte más peligrosa o vertical será aquella en la que comencemos ya a ascender por el mismo, después de cruzarla por la parte llana, al fondo del valle del mismo. Después una rimaya, una gran rimaya en la que a veces instalan una escalera, y otras hay que casi asegurar el paso con trepada en hielo con el par de piolets según los metros de apertura o corte de la misma; recordándome a la rimaya de Sattel en el Monte Rosa, en la subida a la Punta Dufour desde la parte suiza… bueno, pan comido, seguro.
Encendemos los frontales y salimos Jordi y yo por el camino que queda bajo el refugio y a la derecha que, siguiendo el perfil del vallecillo por su misma derecha, por el que baja el glaciar del Weissmies, hasta las orillas del mismo glaciar. Aquí veo pisadas en la nieve, glaciar, por el borde izquierda del mismo según subes, hacia arriba, dejando las paredes del valle más a la izquierda. Justo aquí comienza el día a clarear y hago fotos a las montañas semidespejadas del Allalinhorn, Strahlhorn, Rimpfischhorn… y más tapados al oeste o más a la derecha, el Anphubel y el macizo Mischabel. Espectacular.
Tengo un apretón y no puedo seguir. Mientras Jordi se pone los crampones (esta vez Francesc le ha enseñado en el refugio a ponérselos… y espero que a quitárselos) yo hago de vientre al otro lado de una roca. Es una emergencia. Pero pronto se alivia y el cuerpo se asienta… ya estoy preparado. Los murcianos nos alcanzan y adelantan. Ya se han encordado y comienzan a cruzar la parte horizontal o llana del glaciar en su parte más baja de nuestro recorrido, girando a la derecha, recto o casi recto, intentando seguir otras huellas, a veces difíciles de ver en el hielo vivo, para ir en busca de una gran pendiente de nieve al fondo, que cruza entre azules y espectaculares paredes de hielo del mismo glaciar, verticales e inexpugnables… pero se ve un pasillo entre ellas y una huella que primero sube en una dirección, y después gira en la dirección contraria al llegar al pie de otra pared de hielo, siempre hacia arriba… esa parte parece la más difícil y expuesta, a menos a simple vista.
No vemos la parte alta del glaciar, sigue cubierta por las nubes que siguen chocando con las paredes de hielo empujadas por el aún fuerte viento. Pero poco a poco, mientras el sol intenta hacerse paso entre las nubes iluminando las montañas más altas del valle, yo le hago unas fantásticas fotos a las mismas: Mischabel; el Täschhorn, Dom… Es fantástico, precioso. Ayer por el mal tiempo no pudimos ver estas altas montañas, solo sus vertientes más bajas que dan con el valle, el fondo del valle; esto es una señal de que el tiempo irá mejorando, como se preveía, a lo largo de la mañana. Perfecto.
Pero no dejamos de caminar, Jordi está fuerte, pero tengo que cogerlo con la cuerda tenso ante cualquier tropiezo o desequilibrio, que la supuesta caída no sea peligrosa… ¿pero quién me tensa a mí? Es la primera vez que tengo la sensación de “leader”, de guía, no puedo descuidar y utilizar toda mi atención en la cordada. Antes de la primera diagonal, hay una pequeña subidita recta en hielo. Sin dificultades; son dos pasos. La primera diagonal parece desde abajo temible, pero está bien señalada y horadada, aunque cruce en diagonal una pendiente de más de 50º en algunos puntos. Al final de la misma, un giro junto a una pared de hielo, y la otra diagonal pegada a la pared de hielo hacia arriba. Hay una cuerda fija cogida por estacas de madera. Por si acaso nos aseguramos con las cintas largas y mosquetones, por si acaso, a ella. Pero la progresión va muy bien, aunque parece más vertiginosa esta otra diagonal que la primera… y así nos introducimos en las nubes, el mal tiempo de la montaña y dejamos de ver el vespertino paisaje.
Una vez cruzado estos dos recorridos diagonales entre paredes de hielo y vertientes de casi 50º, arriba de las mismas el recorrido es menos aéreo, menos peligroso, solo hay que seguir las trazas que a veces hacen recorridos en s, para evitar las grandes grietas y seracs, no hay que olvidar que es un glaciar en pendiente, cuyo movimiento hace que se rompa en trozos por la gravedad, por su propio peso. Por suerte los puentes de nieve están perfectos, casi no se ven las grietas ocultas y la progresión del Jordi y mía es imparable. Como no podemos ver el paisaje, hace viento y mal tiempo, no nos paramos a hacer fotos, con lo cual hacemos el recorrido envueltos en el desconocimiento del recorrido que hacemos… yo estoy a la espera de llegar a la famosa rimaya de la que hablan los libros, guías, y Javi me anunció, que supongo estará justo antes o en la misma subida a la parte alta y cimera del glaciar, de la montaña.
Llega un momento que subiendo por el glaciar, éste se allana, una falsa planicie, y se observa el límite del mismo al otro lado. Estamos en la loma cimera del glaciar, de la montaña, y no hemos cruzado la famosa rimaya; esperaremos para más adelante mientras subimos. Aquí arriba el frio y el viento arrecia. Sabiendo de otras ascensiones nos hemos adelantado a estas circunstancias extremas poniéndonos y equipándonos, abrigándonos, antes de llegar a coger frio. Prevenir el tiempo, el frio. Porque pararse o equiparse con frio, es más traumático.
Seguimos por el glaciar en subida, no demasiado vertical, pero sentimos que hemos girado hacia la izquierda, una vez subidos arriba de la helada loma cimera. El viento arrecia. En ocasiones estiro de Jordi que no puede avanzar por el viento. A los murcianos hace tiempo que los hemos perdido, siguen delante de nosotros. Antes de llegar a la cima, por una de esas lomas heladas, ya aparecen los primeros grupos que bajan de la cima, eso quiere decir que la cima está cerca… bueno, uno o dos grupos solos (uno de ellos era una persona sola que parecía era un runner). El primer grupo eran un par de montañeros, uno de ellos podría ser el guía o leader. Se para delate de nosotros en la ventisca y nos grita que no nos paremos, que el tiempo está muy mal, señalando al cielo, las nubes que corren y el fuerte viento. Como recriminándonos que con mal tiempo estemos andando por aquí. Pero de aquí a la cima ya quedan pocos metros.

Jordi bajando por el Glaciar Trift, arriba el Dom, el mas alto, con el Täschhorn a su izquierda y el grupo del Nadelhorn a la derecha. Más a la izquierda el Alphubel; abajo el Saastal con la población de Saas-Fee en el centro izquierda
Veo correr las nubes, el viento es más fuerte y frio aquí arriba, parece que la cima está cerca. Pero Jordi no avanza a mi paso. Como voy delante, soy el que estiro la cuerda para tenerla tensa en caso de caída, pero en esta ocasión tengo que estirar más, tengo que empujar más… llego un momento que me giro y veo a Jordi clavando el piolet casi a cuatro, tres patas, porque el viento lo empuja y no sigue normalmente. Le grito que se levante, que siga caminado y se reincorpore… por suerte la cima está cerca y allí nos esperan los murcianos.
La cima es plana, helada, todo es un enorme glaciar. Curiosamente las nubes son más finas, ya comienzan a dejar pasar los rayos de sol de vez en cuando, pero el viento no afloja. Son síntomas de que el tiempo cambia a mejor. No hay señal de que es la cima, no hay cruz, pero es lo más alto, estamos a 4.023 mts. de la cima del Weissmies. Son alrededor de las 9 de la mañana. Los murcianos nos esperan para celebrar la cima. Fotos, alegrías y enhorabuenas; y enseguida nos preparamos para bajar al refugio.
La bajada es sencilla: solo hay que deshacer lo andado. Los murcianos salen primero y Jordi y yo detrás, dejo ahora a Jordi delante, pero con la cuerda tensa por si hubieran resbalones, aunque el camino o el recorrido no tiene misterios. A medida que vamos bajando el viento se calma y las nubes comienzan a descubrirnos la cima del Weissmies allá arriba. Paramos a hacer fotos. Ahora el paisaje descubierto de nubes es fantástico. Hacemos fotos al recorrido por el glaciar, la loma cimera del glaciar, hasta la misma cima. Ya comenzamos a toparnos con grupos que suben a la cima, más tarde que nosotros, o bien han esperado a que mejorara el tiempo o han decidido salir más tarde. Realmente hemos llegado muy rápido y sin contratiempos a la cima de la montaña.
Más abajo, cogiendo las vertientes del glaciar que nos han de dejar en el paso más vertical del recorrido, el cual lo cruzamos en diagonal en dos tramos, el viento se calma y el cielo se despeja. Paramos a hacer fotos hacia las montañas que tenemos delante y al valle que tenemos a nuestros pies: Mischabel, Saastal… descubrimos el Dom, el más alto, puntiagudo y esvelto, el Täschhorn, a su izquierda, y el cortado o aplanado Alphubel, más a la izquierda, sobre Saas-Fee claramente, bajo ellos. Precioso. Se ve claramente el retroceso de los glaciares: el manto rocoso gris nuevo al termino de los mismos es muy extenso. Paisaje impresionante, alpino e hipnotizante; esta montaña es un mirador al Mischabel increíble, excepcional.

Jordi bajando por el Glaciar Trift, arriba el Lagginhorn cubierto, y abajo izquierda el Refugio Hohsaas
Antes de llegar al recorrido de la cuerda fija, la parte más inclinada de la ruta, nos encontramos con varios grupos que van parando a medida que van subiendo, ahora con muy buena visibilidad y tiempo, en este bonito glaciar. Yo temo por encontrarnos o cruzarnos algún grupo en la cuerda fija, en aquella senda en la nieve, hielo, pegada a la pared helada azul y casi vertical del glaciar… pero no subía nadie más. Mirando hacia este lugar, con las vistas hacia el refugio del cual hemos partido allá abajo, arriba despunta el Lagginhorn, rocoso, sin hielos, vertical y atrayente. Es la montaña que intentaron los murcianos ayer, poco más baja que el Weissmies.
Una vez cruzado la parte más vertical del recorrido por el glaciar, que parece más fácil y menos peligroso de lo que parece desde la distancia, antes de cruzar el lecho del glaciar en el fondo del valle que es más llano, paramos a quitarnos ropa, ya hace calor aquí abajo, qué diferencia con la cima, que se nos acumulaba la escarcha en la cara y chaqueta. Pero ya está hecho, cruzamos lo que queda de llano glaciar y llegamos al camino que sube al refugio de Hohsaas. Justo en el camino y a pie del glaciar un numeroso grupo de hombres y mujeres que parecen polacos, hablando y explicando de cruzar el glaciar para subir a la montaña… espero que no fuera para hoy, con las horas que ya eran… pero iban equipados como si fueran a ascender por el glaciar.
Y ya por fin llegamos al Refugio Hohsaas, 3.101 mts. Hace solecillo y hay mucha gente en la terraza tomando algo. Nos pedimos cervezas y nos desequipamos. Nos quedamos un buen rato hablando con los murcianos, intercambiamos impresiones y compartimos cervezas. Nos hacemos fotos y antes del mediodía decidimos coger teleférico abajo, hacia Saas-Grund, donde nos despedimos de los compañeros del sureste peninsular y nos proponemos coger el coche para volver a Täsch.

Jordi cruzando el Glaciar Trift, al otro lado queda el Refugio Hohsaas, y el camino que nos lleva al glaciar
Esa tarde el camping Alphubel organiza una reglet, con lo que participamos. Las hijas y amigos de la encargada son las que nos dan los tickets. Los quesos para la reglet son enormes: media bola plana que las parten por la mitad, y la parte cortada es la calientan para echar el queso fundido sobre un escaso pepinillo, cebollita… plato pequeño y caro, pero resultón. No es el premio después de haber subido dos cuatromiles en tres días, pero fue simpático y curioso. Personajes del pueblo, alrededores, y huéspedes del camping, se acercaban para coger su plato con su queso fundido, haciendo cola bajo la lona o cubierta sobre la mesa de madera, que queda enfrente de nuestra cabañita, porque amenazaba lluvia.

Atrás el refugio y restaurante Hohsaas, con la cima del Weissmies arriba y la caída del Glaciar Trift: de izquierda a derecha: Amadeo, Joaquín, Francesc y Javier
Y al otro día salimos de nuevo en busca de Cataluña y nuestras casas. No sin antes pasar por Chamonix, saludar al emblemático y espectacular Mont Blanc y comer en el Poco Loco, una sabrosa y pringosa hamburguesa en un curioso local que más bien parece un pasillo reconvertido.




















