6 de Octubre de 2.024, domingo.
Viaje a Delhi.
Puntuales me recogen a las 05:55 en la redonda de Cardedeu, Luis y Dolors. Llegamos bien al aeropuerto. En la cola para facturar en Lufthansa nos encuentra Jordi que le ha traído su hija.
El vuelo sale con puntualidad alemana de Barcelona a Múnich. La azafata de la entrada para embarcar ve mi mochila y la quiere “facturar gratis” por su volumen. Repetía a frase: “El avión está muy lleno”. Pero al final, después de ponerle la cinta y todo, la subo. Da la sensación de ser una mochila aparatosa, pero va medio vacía y no pesa ni ocupa. A las 7:50 salimos en busca de Múnich.
Un vuelo rápido y corto. Debemos de cambiar de avión sin coger los petates; y el siguiente avión será de dos plantas Intercontinental. Nos da tiempo a cambiar de terminal pasando por debajo de las pistas por un monorraíl, y a almorzar algo en una parada de la terminal. Y puntual, con mucha más gente, sale el vuelo de Múnich a Delhi.
Jordi va en preferente porque no había más sitio cuando contrató el vuelo; Dolors, Luis y yo en turista, tres filas por delante de la cola, casi los últimos. Hay muchos pasajeros indios con sus turbantes (dastaar) o pañuelos en la cabeza, sobre todo los hombres mayores, y las mujeres mayores también con su vestimenta. Pero las personas de medina edad para abajo iban vestidos como en occidente.
Seguimos el vuelo en el mapa y observamos como esquiva Ucrania por el sur, pasando por el Mar Negro, e Irán por el norte, pasando por el Mar Caspio. Hay muchos niños, atrás de nosotros dando patadas a los asientos, a un lado vomitando, delante llorando, gritando… pero en general el vuelo de unas 7 horas se hace ameno. He decidido hidratarme desde el principio de este viaje y bebo mucho líquido, con lo que tengo que ir hasta 3 veces al baño.
Aterrizamos en Delhi puntuales, 23:30 hora local. 20 horas hora de casa. Dolors, Luis y yo salimos los últimos del avión y Jordi, que ha salido de los primeros, ha hecho todo el “recorrido burocrático” y ya lo vemos para recoger los petates en la cinta.
Hay 3:30 horas de diferencia entre España e India, y 3:45 con respecto a Nepal. Hay que pasar por muchos controles, rellenar muchos papeles para volar a India, cosa que no estamos acostumbrados en la UE. Se hace lento y fatigoso cada control: primero dejar tus huellas dactilares y rostro junto con el escaneo del pasaporte en una máquina, después rellenar un papelito con tus datos (que ya nos han dado en el avión) y que ya hemos rellenado en el Pre-visado que nos han autorizado hace 20 días cuando nos lo sacamos por la web del gobierno Indio; bajar escaleras y hacer cola para que unos guardias en unas garitas nos miren toda esta documentación y de nuevo nos saquen las huellas dactilares… un rollo.
Luis está preocupado porque piensa que si después de recoger el equipaje y tengamos que salir del aeropuerto no podamos volver a entrar a falta de un código QR que sí teníamos para el de Múnich… pero esa no sería la peor de las preocupaciones…
El aeropuerto tiene 3 terminales y no tenemos que salir de la Terminal 3 para coger el vuelo a Katmandú. El mundo cambia, la gente es diferente, hablan indi y un inglés extraño del que no pillo casi nada. La faceta en común de esta gente variopinta es el color de su piel, todos muy morenos, pero con diferentes rasgos, a veces entre pakistaníes, de Indochina, con sus vestidos, turbantes, gorros… aquí vemos muchas más vestimentas folclóricas, locales, es un ir y venir de las diferentes “tribus”, “pueblos”, “culturas” de los rincones de la India, pero más de la mitad de la gente viste occidental.
Por fin nos dejan ir a facturar para el vuelo a Katmandú, pero el llegar al mostrador de la empresa Air Indi, nos encontramos con que solo tiene sitio Jordi, nosotros 3 al no haber podido hacer el chequing (porque la web no nos dejaba), no tenemos sitio en el avión que sale a las 07:00 horas aprox. de Delhi y llega a Katmandú a las 09:00. Hay overbooking.

Patan, templo Char Narayan / Pyamha Narandya a la izquierda, templo Krishna Mandir en el centro y templo Vishwanath a la derecha, en Katmandú
No podemos volar.
Nos dejan un buen rato en el mostrador intentando encontrar una solución. Después Luis y Jordi negocian con un responsable de la compañía la reclamación y un vuelo… Nos iban a dar un vuelo para el día siguiente pero Luis consigue que el vuelo sea el mismo día, pero a las 19:30 horas, 12 horas después. La indignación y resignación es latente… vamos a perder un día entero en Katmandú. Luis avisa a Mikel (de Asiantravel) de la situación. En la reclamación conseguimos un hotel y taxi para pasar las horas muertas a costa de la compañía, y sin cenar, y después un mareo y lio burocrático para poder acceder a estos derechos, 2 taxis nos llevan por una carretera de varios carriles y ahora casi solitaria a un hotel cercano, saliendo por uno de los laterales.
Luis también ha recibido un SMS de Lufthansa de que han perdido un equipaje; por suerte era mi mochila que la querían facturar, pero que al final la subí conmigo. Con la oscuridad de la noche el hotel parece algo descuidado, destartalado. Nos dan las habitaciones, Luis y Dolores en una, y Jordi y yo en otras dos separadas… mientras ya son la 01:30 de la madrugada
7 de Octubre de 2.024, lunes.
Delhi, vuelo a Katmandú.
El cuarto o la habitación huele a humedad, da la sensación de que una inundación invadió de agua toda la planta baja del mismo. Humedades y manchas con lo que parece moho, se cuela por las esquinas de las paredes del baño. No dan ganas de ducharse, pero al final lo hago. En la alcachofa no se ven los agujeros de la cal que tienen, se ve sucio y muy poco higiénico. Hay dos desagües, uno en la ducha y otro junto al wáter, y no sale agua caliente… al menos no sé hacerla salir del destartalado comando o grifo.
Al fin dormimos unas pocas horas, ya que a las 09:30 nos levantamos para desayunar. Sobre las 14:00 horas nos recogerán para ir de nuevo al aeropuerto otros dos taxis y mientras Luis dice de ir a un parque a 50 metros caminando desde el hotel para visitarlo y pasar el tiempo. Hace calor fuera del hotel, un calor húmedo y estamos en octubre. Como es normal en India ha ido sobre salsas, panes y fruta. Lo mejor y más fresco, la fruta. Hay un pan que lo hacen como si fuera una crepe que está rico. Éste sobre todo lo comemos en la comida.
En el parque hay cinco estatuas gigantescas de lo que parece siempre la misma figura. Luis dice que es una representación de Shiva, pero en el googlemaps pone que es “…Chrisna”. Son bonitas y enormes, la del centro y principal tiene una especia de tridente y una cobra al cuello.
Para entrar en el parque templo hay que descalzarse, y a pesar de que el suelo quema y han puesto una especie de moqueta, nos descalzamos y nos acercamos hasta las representaciones, las admiramos y fotografiamos.
Volvemos al hotel y enseguida nos dicen que tenemos la comida preparada, son las 12:30 y volvemos al restaurante a comer casi solos (en el desayuno tampoco había gente) comida india al que todo le echa picante o mucho picante. Arroz, pollo y el pan de pita.
Poco antes de las 14:00 horas ya tenemos los taxis en la puerta, y como a la llegada nos deberán de acercar a la terminal 3 del aeropuerto. Yo monto en uno con los petates y mochilas, y los compis en el otro. El tráfico es impresionante, parece que no hay un orden, ni normas ni rayas en la carretera. Hay un atasco y nuestros taxis van por aquí y por allá colándose casi con un peligro de roce constante. Es como un videojuego en el que intentas avanzar, y los contrincantes o enemigos son el resto de vehículos, y el claxon es un elemento obligado. Los coches todos pitan y casi se percibe un solo sonido, pitido, continuo. Es increíble.
Por fin en el aeropuerto a buena hora para hacer todos los pases posibles. Creo que llegué a enseñar más de 8 veces mi pasaporte: en la puerta, en el pasillo (que una soldado me obligó a pasar mis mochilas por un escáner que había en el pasillo), al facturar… Después el control más fuerte y extenso hasta en el que te pasan un detector de metales aunque no haya sonado el arco detector de metales… Incluso nos piden abrir las mochilas de mano, sobre todo la de Luis que lleva sus cámaras y aparatos de video y audio e imagen. La poli encuentra su gps y después de una discusión éstos le explican que hay una normativa en la que los gps pueden entrar en la India, usarse, pero ya no puede salir… Absurdo. El debate dura un buen tiempo. Al final, al ver que la poli se iba a quedar, a confiscar el chisme, decide romperlo, sacarle la tarjeta, aprovechar lo que pueda y que no lo puedan usar. Tremendo.
El resto del tiempo en el aeropuerto fue normal: el avión salió a su hora puntual (también con algunos niños) y el viaje fue corto y ameno.
Sobre las 20:30 aterriza el avión en Katmandú ¡Por fin ya en Nepal!
Aquí y como dice Luis, la gente parece más amable, más simpática, más amena, como la poli del aeropuerto, militares, funcionarios… añadiendo que las calles también son más limpias y cuidadas. Pero para empezar, el “previsado” que hicimos por internet no sirve de nada: tenemos que ir a unas máquinas donde rellenamos el mismo formulario, le hacemos una foto con el móvil al resultado y se lo enseñamos al que le tenemos que pagar los 48 € del mismo visado. Después pasamos por las cabinas típicas de los militares para confirmar nuestros datos y rellenar el pasaporte y después vamos a recuperar los petates… todo más normal que en el exagerado y exasperante aeropuerto Indira Gandhi de la India.

Templo de Kamasutra (o Jagannath) a la derecha, el de Kal Bhairav delante en el centro, y el de Vishnu oculto a la izquierda, en el centro de Katmandú
Recogiendo los petates, un pequeño susto: el petate de Luis lo han sacado de la cinta y no lo encontramos. Al parar la cinta lo encontramos arrumbado a una columna, posiblemente fue de los primeros y al no cogerlo nadie, lo sacan de la cinta ¡Otros sustos de aeropuertos!
Salimos tranquilo y en la calle ya nos encontramos con Prem y un cartelito que pone Luis Guerrero. Prem era nuestro guía y responsable de Asian Travel. Mikel está ausente en el hospital velando por algún amigo o familiar.
Nos lleva a un pequeño hotel y sobre las 23:00 comenzamos a sentarnos a cenar. Aquí dejaremos ropa para la vuelta, hacemos el petate (que compra Prem en el instante) del material de alta montaña que viajará al C.B. del Island Peak, nos cambiamos y ordenamos lo que queda del petate para el peso del vuelo a Lukla y para el porteador… entre la cena, el descanso y la ordenación se nos hace las 24:00 horas a que tenemos que salir si queremos coger el avión a Lukla a las 06:00








