Sobre las 00:00 salimos pitando con la furgoneta de 12 asientos, muy espaciosa, por las oscuras, nocturnas y aún así vivas calles de Katmandú. No salimos a Lucla desde el aeropuerto de Katmandú como creía y venía en el programa, si no desde un pequeño aeropuerto lejos de Katmandú en el que solo es utilizado por aviones pequeños bimotor de hélices, de menos de 30 pasajeros. Es Ramechhap.
Pero en los últimos días, semanas, ha habido inundaciones muy graves en Nepal y han destrozado, destruido, hecho desaparecer, ésta carretera en algunos tramos; y en otros lo ha dejado muy , muy impracticable, de forma que debemos coger otro camino para evitar dichos cortes, y en dicho camino llegamos a tardar 6 horas (creo recordar que Javi me decía entre 2 o 4 horas), y a la vez debemos recoger a la familia del conductor, que había ido a un Festival, y nos íbamos todos a Ramechhap. Por suerte el recorrido era totalmente nocturno y no encontraríamos mucho tráfico o coches de cara.
Y aquí comienza nuestro periplo por Katmandú y Nepal, por un camino, calle, carreterilla… en la que pocas veces es recta y plana (creo que ninguna) y caben 2 coches a la vez. Cientos de curvas a la derecha, a la izquierda, para arriba, para abajo, por barrios, por pueblecitos, por urbanizaciones, subimos y bajamos una montaña poblada, sin parar y sin donde agarrarse en la furgoneta… como será que la hija del chofer casi adolescente (también subió su mujer y otro hijo) comenzó a los 15 o 20 minutos de su viaje a vomitar, y llenó 3 bolsas de plástico ¡Asombroso! Fue un milagro que no vomitáramos o nos mareásemos nosotros. Lo curioso es que una vez que abandonamos los “atajos” y seguimos por la carretera principal, las molestias y el destrozo de la misma por las lluvias, son iguales o peor. No desaparecen las curvas cerradas, como si de una carreterilla de montaña se tratara, y en muchos tramos el estado del terreno es tan malo y peligroso, que votamos como si estuviéramos cabalgando un potro salvaje; da la impresión de que la furgoneta se rompería, se desmontaría en mil pedazos. Todos intentamos dormir, yo no lo consigo, imposible, el chofer (que no debe dormirse) ha de estar despierto toda la noche conduciendo, y para en alguna ocasión para echarse agua a la cara y para hacer pis. Frenético, peligroso, una locura… además cuando la carreterilla es buena y conserva su anterior estado, aprovecha para coger velocidad, haciendo curvas imposibles y adelantando de forma poco aconsejable y temeraria en España. Tremendo, increíble.
Mientras cruzamos esta parte del país de noche, a oscuras, y de esta manera tan incómoda, intento fijarme en algunas cosas que me llama la atención: las luces de colores. Muchas casas, camiones e incluso vehículos mas pequeños, tienen hileras de luces, como si fueran las de Navidad de diferentes colores alternadas… algunas casas parecen “lupanares”, pero aquí son casas normales de alguien que ha decidido poner estas luces, bombillas o leds de colores, y dejarlas encendidas toda la noche, igual veo en camiones y algunos otros vehículos… después de analizar el tema, compruebo que dichas luces de colores emulan las banderitas de colores que son oraciones, típicas del Nepal, Tíbet, Himalaya, y me parece algo fantástico, sensacional.
Comienza a despertar el día con las primeras claridades que van poco a poco a mas y lo llamamos amanecer. Después de despertar entre pueblecitos donde los muchos perros sueltos (posiblemente vagabundos) están acostados o apostados en el borde de la carretera, curvas hipercerradas sobre precipicios vertiginosos y camiones, autos aparcados o parados en la misma carretera, llegamos a una población que queda en las orillas de un revuelto y ancho río, que surca un precioso, amplio pero profundo y verde valle. La verdad es que no piensas que aquí hay un aeropuerto hasta que ves la pista, entre el pueblo y el enfurecido rio.
El conductor ha intentado ir lo más rápido posible cuando la carreterilla estaba bien (dentro de lo que cabe) para llegar a las 06:00 de la mañana que es cuando abren el aeropuerto. Pero ya hay una cola de decenas de personas delate de nosotros. Estamos en Ramechhap.
Prem se pone en la cola de los guías que piden los billetes, parece que hay algunos, bastantes, delante de nosotros. Esperamos con los petates rodeados de otros muchos grupos de diferentes nacionalidades, con sus petates, delante del edificio de la taquilla. Hay 3 compañías: Tara, Summit y otra.
Conseguimos las tarjetas de embarque al cabo de una hora de haber llegado. Pesamos los petates y equipaje. Hay que pagar unos 20€ mas de sobrecarga, sobre todo por el petate de todo el material de alta montaña. Al cabo de otro ratillo pasamos a la habitación contigua donde está el escáner para el equipaje y para las personas.
Casi tenemos una pelea por que el trabajador quería coger la mochila de 10 kg. De Luis donde lleva sus cámaras, y meterlas como las facturadas. Luis la coge, estira y le dice que es de mano. Se cabrea el trabajador y le arranca la etiqueta… se acerca un poli… al final la mochila de Luis se va con Luis a otra gran sala de espera con muchas sillas… después de abrirnos algunas mochilas el guarda de turno.
Es una sala de espera de la que no puedes salir una vez entras, hasta que coges el avión o para pedirte algo en el “bar” del patio continuo. Esperamos, esperamos… vemos como las pequeñas avionetas entran y salen y la gente primera va saliendo en la avioneta con dirección a Lukla. Mikel dice que las primeras avionetas son las que salen, una vez empeora el tiempo a mitad de mañana, dejan de volar a Lukla.
Alrededor de las 09:00 horas por fin nos llaman a nuestro grupo para subir al avión. Las nubes se hacen cada vez mas grandes en el paisaje, en las montañas, eso quiere decir que el tiempo empeora. Alegres subimos a la avioneta, nos saluda y habla una alegre y bien arreglada con su uniforme, azafata… y cuando estamos sentados y los pilotos ya preparados, la azafata nos dice que lo siente pero… no vamos a volar, que ha empeorado el tiempo. Nos hace bajar y nos envía al cuarto de espera, con el calor que poco a poco comienza a elevarse y los muchos ventiladores que llenan el techo, no nos da mucho aire.
Increíble. Ya no despegará ningún avión mas en toda la mañana, pero no podemos salir. Nos hacen esperar toda la mañana, metidos en la sala de espera, por si el tiempo mejora, pero no va a mejorar.
Harto de esperar le pido al del bar un café con leche y algo para comer, le pregunto que piensa con respecto a si saldrá algún avión. El me enseña dos fotos, una se ve la pista de Lukla sin nubes en las montañas de enfrente, y otra con muchas y espesas nubes en las mismas montañas. Me dice que no mejorará… y así fue. Pero no nos podemos ir, y los petates siguen dentro del avión. No los sacaron.
Entre las 13 y las 14 horas nos dicen que ya no habrán mas vuelos a Lukla, con lo que nos devuelven los petates y nos vamos a buscar un hotel en el pueblo que ya tiene fichado Prem. Subimos por a carreterilla, girando a la derecha llegamos al Hotel “New Newari Khaja Ghar Lodge” donde cogemos dos habitaciones para los cuatro.
Antes de cenar decidimos dar una vuelta por el pueblo. Comprobamos que gracias al aeropuerto hay gente que ha hecho dinero y se han arreglado las casas, hoteles, comercio, bares… pero otras muchas son humildes, todas con sus animales domésticos, gallinas, cabras… y perros por la calle. Es una mezcla de humildad, pobreza y progreso, parece que no pierden el espíritu amable y sencillo.
Cenamos en la terraza del hotel, en una mesa redonda, y pronto a dormir ya que mañana queremos ser los primeros en la puerta del aeropuerto. A las 5 de la mañana ya tenemos que estar allí, quedamos a las 4’30 y nos despertamos a las 4’15 aproximadamente. Las camas son muy, muy duras, pero tienen su edredón y sus sábanas blancas y limpias. El baño es un agujero y un lavabo; y un cubo para limpiar “el agujero”.













