Puntualmente a las 5 estamos en la puerta del pequeñísimo aeropuerto, pero igual que el resto de pasajeros que no pudieron volar ayer. Por suerte a las 6 los responsables cogen a los pasajeros por el orden de ayer. Nosotros como nos quedamos que nos echaron del avión, somos los primeros… ¡Hoy volamos! Aunque tenemos que hacer el mismo proceso de facturación.
Hay varios aviones. Al poco tiempo ya subimos al mismo de ayer, Summit, que es el que contratamos. No puedo ponerme a la izquierda como decía Luis para poder ver por la ventana al Everest, pero al final me siento delante con la ventana a la derecha. El avión sale sin problemas y enseguida coge altura y hace una curva a la derecha.
Al final tuvimos suerte porque unos días después, Javi y Zaida que venían ha hacer la misma actividad que nosotros, se encontraron con el aeropuerto cerrado por mal tiempo. No salía ningún vuelo durante algunos días seguidos. Y tuvieron que hacer un viaje horroroso en coche todo terreno durante 2 días, para acercarse a Lukla. Y una vez bajo Lukla una marcha caminando para llegar a la misma población. Una locura.
El vuelo es corto, entre 15 a 20 minutos, cuando te quieres dar cuenta ya estás bajando al aeropuerto de Lukla o mejor dicho, acercándote. Miro por la ventana; verde, muchas colinas llenas de casas. Todas con los tejados azules y las paredes blancas, grandes y muy repartidas a lo largo de las verdes colinas. También observo los estragos de las pasadas inundaciones; las rieras, barrancos y valles están destrozados en su fondo y curso por las aguas bravas.
Ya aterrizamos en Lukla. Antes oía al ordenador del avión como avisaba que estaba muy cerca del suelo… como en la peli de Sully. Cuando salimos del avión y recogemos el equipaje lo primero que notamos es la temperatura, notablemente más baja.
Observo la pista de aterrizaje: en pendiente y muy corta, en una punta un precipicio y al otro lado la pared del pueblo. Acojonante. Realmente el tiempo del avión en la pista de aterrizaje ha sido muy corta.
Nos acercamos a un bar o restaurante pegado al aeropuerto y pedimos el desayuno. Ya vemos a gente con aspecto, vestimenta, rasgos… del Nepal, del Himalaya, Sherpas… ¡Estamos en el Himalaya! Lukla está a 2.840 mts. Y no hay carretera que llegue a ella, solo por el camino de siempre han usado los Sherpas. Mientras desayunamos Prem nos presenta a nuestros porteadores que nos llevarán los 4 petates; son dos chavales Sherpas muy jóvenes y educados. Parece que vienen con sus padres o abuelos, como dando el visto bueno, permiso o asegurándose de a qué gente les van a trabajar. Son personas mayores vestidos y con rasgos sherpas totales.
Según nos decía Prem estas personas mayores, que era una pareja mayor, no eran familiares, si no personas de su pueblo que venían para acompañarlos como si quisieran comprobar las gestiones antes de salir o comenzar el trekking, como si dieran fe notarial y a la vez quisieran conocieran las personas los cuales los han contratado. Una formalidad, costumbre de estos pueblos y gentes que funcionan o forman una especie de comuna en la que todos se ayudan entre sí, y participan en la vida de todos para que todo marcha bien. Curioso.
En una ocasión le preguntamos a Prem a qué edad comienzan los chavales a ser portadores, nos dice que a los 17 años e incluso otros a los 15 según la necesidad de la familia. Pueden llevar entre 50, 70 o más kilos.
Comenzamos la marcha, el trekking caminando por las calles de Lukla en dirección valle adentro. Ahora compruebo por que los aviones dejan de volar en un momento del día: resulta que para llegar al aeropuerto deben de saltar una cadena montañosa de más de 3000 metros, y si está cubierto de nubes que no hay visibilidad, es muy peligroso cruzarla. Por lo que no vuelan.
Lukla se ha convertido en un pueblo comercial, turístico, hay tiendas, bares… en muchas calles aparecen las banderitas de colores con oraciones, que ya no dejaremos de ver en cada rincón de los pueblos, montañas, valles…
Después de los permisos salimos de Lukla bajando por un camino boscoso y muy verde, comenzamos el trekking de esta manera, nada de alta montaña, salvo el sonido del ruidoso, caudaloso y escandaloso río Bhote Koshi Nadi, antes de salir o en la puerta de Lukla, los permisos para poder realizar el trekking. No se pueden recorrer estos lugares sin un guía local. Está prohibido.
De Lukla bajamos un poco de altura para meternos en el valle, rio arriba, en Lukla más abierto, y poco a poco se irá encerrando y encajonando.
Describir el recorrido, los lugares y lo que visitamos es algo fabuloso e increíble, saliéndose de otros trekking, de otros sitios que he visitado: lo primero que me sorprende es la cantidad de pequeños monumentos religiosos budistas que nos encontramos en todo el camino, desde las fabulosas gigantescas o pequeñas rocas enteramente dibujadas, escritas con grandes letras blancas que son oraciones, pintadas, increíble. Prem dice que las piedras o monumentos de oraciones que hay en medio de camino, hay que pasarlas por el lado izquierdo, dejándolas a nuestra derecha.
De vez en cuando algunas de las especies de bóveda puntiaguda (Stupa) con la tira de banderas desde el pináculo a otros puntos, en algunos incluso se dibuja los ojos de buda bajo la cúpula.
El valle, a pesar de lo estrecho aunque grande, está lleno de casas, de vida, a parte de la gran cantidad de turistas, excursionistas, de habitantes que van de un lado a otro, y porteadores, muchos porteadores, con burros algunos, es la única manera de transportar las mercancías por todos los valles desde Lukla.
Cruzamos el primer puente tibetano y me emociono, el río lleva una fuerza y caudal impresionante (es un rio del Himalaya), pero cuando en esta primera etapa debemos cruzar más de 7, se va la emoción y se convierte en algo habitual. También compruebo que hay muchos, muchos lodges, como hoteles, algunos incluso de tal construcción que si me dices que es un hotel de Suiza, me lo creo. Muy bonitos, muchos ocupando el fondo del valle, entre pueblos y pueblos. En unos años el turismo ha creado tal riqueza que los Sherpas han dejado de ser porteadores, guías, para convertirse en empresarios de la hostelería…
El valle, como he dicho antes, es muy verde y boscoso, a pesar de tanta construcción y lodges. En un principio es acabar en el pueblo de Phakding (2.610 mts.) pero Prem nos dice de seguir más adelante y hacer noche a pocas horas de subir a Namche Bazar, como nos vemos bien, le decimos que vale y seguimos adelante.
Pero creo que sí comemos en Phakding. Hay búrguer y pizzas, por lo visto los habitantes vieron más negocio si aparte de comida nepalí podían ofrecer comida occidental, y en todas partes hay comida occidental. Muy buena por cierto, con un kétchup parecido pero no igual al de Europa y una salsa verde oscura, como si fuera la sustituta de la mostaza, muy picante.
Seguimos por un camino empedrado siempre cerca del río allá abajo, con muchos, muchos escalones, escaleras. Pasamos junto a cascadas, lugares boscosos y lugares habitados siempre rio arriba. La marcha muy amena y fácil casi plana sin subidas importantes.
Llegamos a Monj, la puerta al P.N. de Sagarmatha, es un pueblo bonito, pequeño y curioso (2.835 mts.), arriba de él hay un monasterio budista, cada cierto tiempo en pueblos y lugares aparecen pequeños o grandes monasterios budistas, algunos como Namche Bazar, tiene dos. Al cruzar el pueblo y antes de una bajada en sombra entre los perfiles del valle, aparece la Puerta del pueblo, adornada con pinturas y adornos, aquí debemos coger el permiso para entrar en el P.N. de Sagarmatha, que es el nombre nepalí del Everest.
Justo bajo esta puerta y cruzando otro gran puente tibetano, llegamos a Jorsalle (2.740 mts.) donde finalizamos esta etapa y donde dormimos en un Lodge, los mismos propietarios son del Lodge y restaurante donde cenamos.
Los lodges no llegan a ser hoteles, son construcciones con interior de aglomerado de madera con habitaciones donde hay una o dos camas, y ya está, el baño está en el pasillo y algunos no tienen ducha.




















